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Soy una Techie Yogui
Llevo 20 años estudiando cómo la tecnología impacta en nuestra relación con nosotros mismos
Mi recorrido profesional comenzó en la tecnología, la comunicación y los negocios, mientras desde lo personal me vinculaba al yoga, la atención plena y la meditación.
Durante estos 20 años viví la transformación digital desde distintos lugares: como comunicadora, estratega, emprendedora y CEO, pero también como usuaria y como persona que necesitaba aprender a gestionar el ritmo, la exigencia y la sobreestimulación de este nuevo entorno.
Hoy integro ambos mundos para acompañar a personas que viven y trabajan en un entorno hiperconectado a recuperar foco, claridad y equilibrio, sin tener que desconectarse del mundo.
01 — Conocí el lado BRILLANTE de la tecnología
De la escasez a la posibilidad de conectarnos con todo
Estudié Comunicación Social, con especialización en Creatividad e Innovación Tecnológica.
En mi primera monografía investigué algo que hoy puede parecer obvio, pero que en ese momento era completamente nuevo: el blog como una especie de diario íntimo virtual y como herramienta para construir identidad.
Después llegaron las redes sociales.
Las mirábamos desde la lógica de la escasez: durante toda nuestra historia habíamos tenido acceso limitado a información, medios y posibilidades de expresión. De repente, la tecnología nos permitía crear, colaborar, comunicarnos y llegar a cualquier parte del mundo.
Era lógico querer estar conectados con todo.
Cuantas más herramientas, plataformas y redes teníamos, mejor.
Todavía no sabíamos cuál sería el costo de esa conexión permanente.
02 — Descubrí el lado OSCURO de la tecnología
Del “always on” a la economía de la atención
Trabajando en publicidad y marketing digital, entendí cómo funcionaba el modelo de negocio de las plataformas: si el servicio es gratuito, el recurso que se monetiza es nuestra atención.
La tecnología estaba diseñada para ser cada vez más atractiva, relevante y difícil de ignorar.
Entonces empecé a preguntarme:
¿Qué pasa cuando las herramientas que creamos para facilitarnos la vida empiezan a competir por nuestra atención?
Como CEO de una agencia digital experimenté además el otro lado de la ecuación: velocidad, exigencia, urgencias, decisiones constantes y la responsabilidad de liderar equipos y clientes en un entorno que nunca parecía detenerse.
Llegué a dirigir un equipo de 30 personas y trabajar con más de 40 clientes.
Conocía perfectamente el ritmo.
Pero necesitaba aprender a no dejarme arrastrar por él.
03 — Mientras era CEO, me convertí en YOGUI
Aprendí que la atención también se entrena
Mientras dirigía la agencia, me formé como instructora de yoga y meditación.
No fue un cambio de carrera.
Fue una búsqueda de herramientas.
Necesitaba aprender a crear silencio en medio del ruido, mantener la concentración en medio de las distracciones y distinguir lo verdaderamente importante de aquello que simplemente parecía urgente.
El mundo profesional me enseñaba velocidad.
La práctica contemplativa me enseñaba quietud.
Uno me entrenaba para actuar.
El otro, para observar antes de hacerlo.
Con el tiempo entendí que no eran mundos opuestos.
Eran dos capacidades que necesitaba integrar.
04 — INTEGRÉ los dos mundos
Negocios + tecnología + herramientas para trabajar con nuestra propia mente
Más adelante participé en la creación y dirección de una plataforma de capacitación para emprendedores.
Y volví a encontrarme con la misma problemática desde otro lugar.
Quienes emprenden y trabajan en entornos de innovación no solo necesitan conocimientos de negocio.
También necesitan aprender a gestionar la incertidumbre, la frustración, la distracción, la presión y la velocidad.
Por eso la propuesta combinaba dos dimensiones:
NEGOCIO
Productividad · estrategia · resultados
CALIDAD DE VIDA
Claridad · foco · calma · resiliencia
Porque una cosa no funciona bien sin la otra.
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El problema ya no es de unos pocos
Hoy todos vivimos en la era de la abundancia
Actualmente trabajo en la intersección entre tecnología, atención plena y calidad de vida

No creo que la solución sea desconectarnos del mundo ni demonizar la tecnología.
La tecnología es una herramienta extraordinaria.
La pregunta es quién está usando a quién.
Por eso hoy integro mi experiencia en tecnología, comunicación, negocios y estrategia con más de 20 años de práctica y formación en yoga, meditación, mindfulness, música y sonido.
Mi trabajo busca desarrollar una relación más consciente con la tecnología y con nuestra propia atención.
Porque en un mundo que compite constantemente por nuestra atención, aprender a dirigirla se convierte en una habilidad fundamental.
Conectar cuando queremos.
Desconectar cuando necesitamos.
Y, sobre todo, volver a elegir dónde ponemos nuestra atención.

